Freshman New Yorker

Primero Lo Primero 

{3 WEEKS IN}

Nadie me vendió la idea de vivir en Nueva York. Me enamore de la ciudad hace trece años, cuando JFK fue mi primer punto de entrada a los Estados Unidos y el primer aeropuerto fuera de casa.

Los edificios amontonados y gigantes. Calles con idiomas desconocidos. Una exposición de Tim Burton en el MOMA. The MET. Un oso polar saltando en su estante y burbujas gigantes en Central Park. Patinaje sobre hielo. Las escaleras de emergencia de los edificios de ladrillo. Trenes subterráneos. La forma perfecta de un copo de nieve que caía sobre mi ventana. Frank Sinatra y la parte de “If I can make it there, I can make it anywhere.”

Nueva York me abrió los ojos a un mundo extenso y desconocido. Caótico y Excitante. Desde entonces siempre quise volver. Desde entonces abrí mis ojos al mundo. Viaje a lugares nuevos, siempre buscando la misma adrenalina de este primer amor.

He visitado ciudades de cuento. Me he perdido en los jardines de Versailles, sé lo que es el inverno de Holanda y el verano en Italia. El queso derretido en Suiza y los tacos en Mexico. Aun me falta mucho por conocer, digamos una vida entera. Sin embargo, hoy vuelvo a mi primer punto de entrada.

Vuelvo a la ciudad de mis sueños y la convierto en mi hogar.

Vivo a dos cuadras de Fearless Girl y me pierdo mas de una vez a la semana en el subterráneo. Corro los semáforos de Manhattan y almuerzo en los jardines de Central Park. Me pierdo en las galerías del Metropolitan y hago amigos comiendo gelato en Little Italy. Los mejores dumplings de ChinaTown están en 100 Mott Street. La pizza al estilo NY sabe mejor en la madrugada y pedir un taxi amarillo no es tan intimidante como en las películas, o quizás si.

Pero claro, la libertad tiene su precio.

La incertidumbre no es para todo el mundo. En la gran manzana no importa quién eres ni de dónde vienes, sino de qué estas hecho. Empiezas desde cero, todos los días.

Caminas lo que tienes que caminar. Empiezas por donde tienes que empezar. Esperas cuando no hay respuesta y aprendes a ser paciente porque no queda de otra, hay cosas fuera de tu control. Sobretodo en esta ciudad.

Eres tu y Nueva York. Eres tú y las otras miles de personas corriendo en contra del reloj en direcciones opuestas y calles paralelas. Por un mismo sueño, que es de ellos pero también tuyo. Sueños tan grandes como las burbujas de Central Park y a veces tan fugaces, tan hechos de cristal como las nubes que se reflejan en los rascacielos.

Ciento emociones en una ciudad.

Quizás por haber sobrevivido, quizás de haber vivido. De haberte preguntado cien mil veces qué rayos haces aquí y haberte motivado cien mil veces más después de encontrarte en medio de una película. Una tragicomedia, un drama, un romance, un documental, donde tú eres el protagonista y los rascacielos de Manhattan aseguran que estas en Hollywood.

Donde Frank Sinatra te canta que “It is up to you” y el subway te asegura que “it is actually up to everything but you”. No existe la excusa de estar tarde. Simplemente no planeaste el tiempo inesperado pero inmediatamente añadido que significa vivir en Nueva York – siempre agregar tiempo para lo inesperado.

Multiuniversos en un solo día, en una sola ciudad, en un mismo minuto en un vagón del subterráneo. Nunca me había sentido tan en casa ni tan perdida, como en Nueva York.

“Your manifestation will demand a stronger version of you”

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